
En esta obra, basada en hechos reales, Ruperto Long revive momentos muy oscuros de la historia del Uruguay, determinados por la dictadura, que duró desde el golpe miliar en junio de 1973 hasta la recuperación de la democracia en 1985.
El escritor se centra en crímenes y acontecimientos que ocurrieron entre 1975 y 1978, no solo en Uruguay, sino en Argentina, Chile y Estados Unidos.
El relato comienza con los brutales asesinatos de Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini en Buenos Aires, perpetrados por el Plan Cóndor en el año 1976. El primero, perteneciente al Partido Nacional, había sido elegido Presidente de la Cámara de Diputados antes del golpe militar de 1973, y el segundo, periodista y senador, participó en la fundación del partido Frente Amplio en 1971. Ambos tenían una extensa carrera política y eran fuertes pilares que se alzaban en favor de la democracia, por lo que representaban una amenaza para los militares que buscaban perpetuarse en el poder. Su muerte conmocionó al mundo y a la opinión pública uruguaya. Héctor Gutiérrez Ruiz era padre de 5 hijos y Zelmar Michelini de 10 hijos.
Pero había un tercer objetivo y muy importante, que escapó de milagro de correr la misma suerte que Michelini y Gutiérrez Ruiz, Wilson Ferrerira Aldunate, el principal caudillo del Partido Nacional en ese momento. El autor nos relata todos los esfuerzos diplomáticos internacionales que se llevaron a cabo para que Wilson pudiera exiliarse finalmente en Londres, Inglaterra, y nos cuenta cómo fue su vida allí, lejos de su patria. En el exterior, Wilson fue la voz que dio a conocer al mundo entero la opresión y el horror que se vivían en Uruguay, y se convirtió en una luz de esperanza. Pero el Plan Cóndor seguía maquinando atrocidades incluso fuera de fronteras, queriendo quitar del medio no solo a Wilson sino también a políticos estadounidenses, que gracias a ellos se logró el retiro de la ayuda militar a Uruguay, ya injustificada en esos años en que la guerrilla tupamara había sido derrotada.
Pero los militares se encontraban fuertemente divididos. Una parte de la cúpula militar temía que al retornar la democracia los crímenes que habían cometido salieran a la luz. Ese miedo atroz mezclado con la sensación de impunidad que les brindaba el poder, hizo que finalmente conmovieran a la opinión pública nacional e internacional mediante una maniobra destinada a infundir el mayor miedo posible en sus objetivos, paralizarlos, neutralizarlos. El asesinato de Cecilia Fontana de Heber con vino envenenado, fue un punto de inflexión para los uruguayos, perplejos ante la falta de interés del gobierno militar de aclarar quienes fueron los autores de ese brutal plan, que hasta el día de hoy permanece impune.
El Ataque Final es un libro revelador de la incertidumbre que se vivía en esos años, donde todo podía ocurrir, al tiempo que nos sumerge en el ambiente familiar de sus protagonistas, que con tristeza pero también con mucho coraje supieron permanecer inquebrantables en la fe de que el país recuperara la democracia.

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